viernes, 16 de junio de 2017

La Costilla de Adán, de George Cukor

Es inevitable regresar al universo cinematográfico que película a película, generó Hollywood en su Edad de Oro, hasta 1960 en sus famosos estudios: Twentieth-Century Fox, Metro Goldwyn Mayer, Warner Brothers, etc., en un vaivén constante de unos a otros de esos nombres propios de la Historia del Cine, que fueron logrando, vía géneros cinematográficos y talento a raudales, la concepción del cinematógrafo como el llamado Séptimo Arte. Dichos estudios tenían a miles de personas en nómina, entre actores, directores, escritores, especialistas, mecánicos y técnicos y sobre todo productores como el mítico David O. Selznick que concebían toda esta industria al servicio de películas de calidad incuestionable que finalmente tuvieran a su vez un buen recorrido comercial. La industria, al servicio del arte. Todo iba a cambiar con la irrupción de la televisión como competidora del cine y sobre todo fiascos comerciales asociados al cine de autor capaces de hundir económicamente a un estudio, como fue el caso de La puerta del cielo (Heaven's Gate, 1980) de Cimino y la United Artists, paralelamente a la irrupción de Spielberg y Lucas y el descubrimiento de Hollywood del concepto del blockbuster y el merchandising asociado a un público, el adolescente, destinado a llenar las salas los fines de semanas vía películas muy lejanas de aquellos productos teen serie b o incluso z de antaño (por recordar una de las más conocidas y más visibles: Yo fui un hombre lobo adolescente (I Was a Teenage Werewolf, 1957), de Gene Fowler Jr.). 
El ingenio, la agudeza, la inteligencia de los guionistas de la Edad de Oro era el pilar básico en el que se sustentaban las buenas películas: no hay película sin una buena historia, como le contaba John Ford a Peter Bogdanovich en uno de esos libros imprescindibles que todo cinéfilo debe leer. Entre esos guionistas destacados, cabe mencionar al matrimonio formado por Ruth Gordon y Garson Kanin, responsables del magnífico guión de La costilla de Adán (Adam's Rib, 1949) de George Cukor, quizás la película más representativa del género de comedia americana "guerra de sexos"al servicio  de Katherine Hepburn y Spencer Tracy y de esa famosa química que desprendieron como pareja cinematográfica en todas las películas que protagonizaron juntos. El humor inteligente, el ingenio, la ironía como vehículo feminista y como vía de exploración sobre el significado y practicidad de la ley al respecto de la desigualdad entre el hombre y la mujer, con secundarios de lujo, como Judy Holliday y Tom Ewell, en un escenario de eficaz comicidad, la sala judicial donde se celebra la causa que enfrenta a los dos protagonistas (otro género cinematográfico en sí mismo), tanto en el ámbito profesional como en el privado. George Cukor filma a sus protagonistas con una precisión de cirujano y esa maestría para la composición de los planos tan característica, dejando espacio libre a las personalidades de los dos famosos protagonistas. A recordar, en tal sentido, la secuencia magistral con la que arranca la película: Cinco minutos de cine mudo, con suspense y comedia a raudales, en los que seguimos a una mujer en su plan de vengarse de su marido infiel y que generará toda la trama de esta inolvidable película, un clásico imprescindible. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Oculto entre juguetes I

Llevaba todo el puente disfrutando de la chimenea, de comidas caseras y breves paseos por la playa, junto al visionado de películas clá...